Un buen momento para invertir en proyectos desde el pozo

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Sebastian Friedman, socio fundador de BrodyFriedman, analiza la respuesta del mercado en la coyuntura actual, en temas como la búsqueda de terrenos, el comportamiento de la construcción, el impacto en los precios y de las variables. A la vez rescata el ladrillo como un refugio de valor que se mantiene intacto y que nunca defrauda, más allá de los cambios que suceden en la vida del país.

Como desarrollador un objetivo es la búsqueda de terrenos…

Sí, es parte de nuestro trabajo. El objetivo es buscar el mejor terreno posible y en la mejor ubicación. Este tema es innegociable. Ubicación, ubicación, ubicación. Este concepto es primordial y no tengo dudas que es la base del cualquier negocio inmobiliario.

¿Cómo afecta el momento actual a las variables?

Nos impacta en muchos aspectos. Es un momento de transición y sabíamos que sería difícil. Ahora lo estamos viviendo. Nosotros en la empresa estamos tranquilos. Hemos adquirido tierra, además de lo que ya estamos produciendo en obras por terminar. También por lanzar, para lo que adquirimos tierra en otra zona. Estos momentos de crisis hay que dedicarlos para analizar, mantener la calma y observar cómo seguir. Me acuerdo cuando sucedió la crisis internacional de 2009, en ese momento la gente estaba inquieta, sobre todo por sus activos fuera del país, pero tuvo impacto en todo el Real Estate y en la gente que de acuerdo con su capacidad adquisitiva invierte en nuestros proyectos. Entonces decidimos dedicarnos a evaluar en nuestra empresa los temas internos del negocio para mejorar y perfeccionarnos.

¿Qué implica ese perfeccionamiento?

En cada uno de los temas que hacen al negocio, hay momentos en que no tenemos tiempo para abocarnos a lo que necesita la gente, cómo tratar de ser los mejores. Para todo esto justamente se necesita tiempo y profesionales. Y para eso hemos contratado más personal –más de 50 empleados- en nuestras oficinas, lo que nos permite comprender de qué manera mejoramos los procesos. Esto lo podemos realizar cuando la demanda no es tan fuerte y nos permite estudiar cómo seguir para superarnos.

En parte significa anticiparse al futuro…

Nos venimos preparando hace dos años para poder armar todo lo que tiene que ver con arquitectura y obras de la empresa. Hemos logrado todos los procesos, desde la compra de los terrenos, la comercialización, el negocio inmobiliario, entre otros. Otro tema que es muy importante para la empresa y que hemos incorporado es el interiorismo. La belleza, la calidad, cada detalle hoy se relaciona con ese rubro.

¿Qué sucede con los precios?

Existen dos partes importantes dentro del negocio: la adquisición de la tierra y la construcción. El valor de la tierra buena no ha bajado. Los precios en alza durante el año pasado con los créditos UVA’s generaron un salto en el precio de los terrenos pequeños y ese segmento bajó un poquito, un 10%, mientras que los grandes lotes no bajaron porque hay muy pocos. Es decir, que existe escasa oferta para construir, por ejemplo, edificios de más de 10.000 m2. Entonces, el precio de la tierra no se modificó, pero sí el de la construcción. Antes el m2 cotizaba 2.200/2.100 dólares y ahora cuesta de alrededor de 1.600 dólares. Esto es en referencia de una compra desde el pozo. Pero el precio de una obra terminada no se modificó. Sino la gente no vende y prefiere esperar o como otra opción elige alquilar. Es un momento de transición y hay que saber atravesarlo.

¿Qué sucede con la demanda?

Bajó un poco, pero siempre hay gente en el segmento que estamos nosotros decidida a comprar. También es cierto que la gente prefiere colocar los pesos en alguna inversión que respalde sus ahorros. El ladrillo nunca en su historia defraudó y por el contrario siempre fue una buena opción en el tiempo. Es posible que en algún momento haya que esperar, pero hay que estar tranquilo para encarar lo que viene. Sí aconsejamos, sin duda, invertir en ladrillos. Es un buen momento para entrar en proyectos en pozo que estarán listos y en otra coyuntura de aquí a dos años o algo más. Los edificios están y estarán siempre, no se evaporan. El capital se mantiene.

Como desarrollador, ¿cómo impactó el Nuevo Código Urbano?

Los cambios como a todos nos generan un poco de miedo. El Código dio muchas vueltas, tardó mucho pero no nos perjudicó ni favoreció a nosotros. En cuanto a la mirada del desarrollador, nos duele porque nos gusta mirar el futuro y el afuera de la Argentina. Nos duele que no haya más torres en Buenos Aires. Porque en todo el mundo se trata de construir una torre para que la habite una cierta cantidad de personas en un mismo lugar. Y además creo desde mi punto de vista que embellece la ciudad. Esto no sucederá y habrá que adaptarse a lo que otros quieren. Lo interesante como desarrollador es que no habrá más interpretaciones porque con el Nuevo Código se sabe exactamente qué se puede hacer y donde se puede ubicar un proyecto. Esto trae transparencia que a su vez genera tranquilidad.

¿Cuál es tu reflexión final?

Hay que saber atravesar estos momentos. Saber invertir sin desesperarse. Es necesario aprovechar los momentos y los mejores resultados los tendrá el que mejor lo supo canalizar. A mi entender el ladrillo siempre trae alegría y se podrá comprobar en dos años, cuando se terminen los proyectos que se han comenzado a construir. La oportunidad está, hay que saber buscarla.

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