Existen datos claros de que el país se esfuerza en lograr un importante crecimiento con la idea de una transformación realmente interesante, aunque compleja para la vida de la gente. Es obvio que el esfuerzo exige tiempo y conocimiento, pero todo indica que de a poco se van abriendo opciones atractivas para los que están convencidos de que, tanto en la ciudad como el campo, de una punta a la otra, todo se logra con las oportunidades y la fuerza apropiada para alcanzar la meta. Y es Francisco Alvarez Amuchástegui, director ejecutivo de Pereyra Iraola Propiedades, que define: “Habrá crecimiento si se confirma el rumbo, sin dudas. Estamos en un piso de valor y de volumen de mercado. Podríamos decir que debemos recuperar más de 20 años de movimientos pesados y descontrolados. Si la máquina se ajusta correctamente y se acomodan los engranajes, entonces habrá que ponerse fuerte por la velocidad que puede llegar a tomar. Y si es esperable que podamos ver un horizonte posible donde no necesitemos de nuestros ahorros para pagar la diaria. Y que estos se puedan volcar a lo productivo. Estamos ansiosos. ¡Algunas ya se empiezan a ver!
Ha comenzado otra etapa en la vida del país. ¿Qué opinas acerca de los cambios de acuerdo con la mirada del Presidente?
Lo considero con mucha expectativa. Me siento identificado con la mayoría de los aspectos generales en los que se manifiesta el nuevo Gobierno. Esperamos que puedan plasmarse y finalmente esperar a ver si los resultados llegan. Somos exigentes y es por eso que aún tenemos puesta la mirada con la idea de cuando todo mejore, ya que en varios aspectos ya está en marcha. En nuestro mercado, la derogación de la ley de alquileres es un gran ejemplo. Seguido de la quita o baja de algunos impuestos como el ITI.
¿Como consideras las decisiones que se toman?
El país está destrozado. El punto de partida es tan bajo y son tantas las cosas que están o estaban rotas, que el trabajo parece ser infinito. Llegamos a tener más de 15 tipos de cambio en la moneda en que ahorran los argentinos y en la cual se mide el valor de los activos reales. Aún tenemos cepo y un riesgo país muy por encima de lo necesario para ser viables. El camino es arduo. Pero este Gobierno parece tener clara la meta. Esperemos acompañar desde luego.
La importancia del campo.
Tenemos expectativas. El campo, que es el motor verdadero de esta fabulosa máquina llamada Argentina, siempre está a punto de poner una marcha más. Si logramos tener un tipo de cambio finalmente unificado, la quita de las retenciones y la eliminación de la enorme “máquina de impedir” que se construyó en los últimos años, el crecimiento de nuestro país desde todos los aspectos será el faro luminoso donde todos los países del mundo querrán seguir. Por otra parte, el hombre de campo apuesta por el país siempre. Cuando lo tratan bien y cuando no. Que el sector crezca y produzca más, es solo una cuestión de rentabilidad. Estos últimos años, la tarea fue no fundirse, sobrevivir. Si le quitamos la pata de la cabeza, eliminamos las distorsiones y si encima logramos ser un país serio y creíble, podremos tener financiación lógica… Esta palanca multiplicará rápidamente la producción. Y ahí…. Solo será cuestión de medir el crecimiento.

¿Qué sucede con la gente? ¿Está decidida a vender y comprar ahora pensando en la ayuda que implican los créditos hipotecarios?
Nos hemos golpeado mucho. Muchas veces. Lo primero que debemos hacer todos es cuidar nuestro patrimonio. Nuestro país genera oportunidades, pero también te castiga si asumís un riesgo mayor al lógico. Todo dentro de parámetros que no son los normales en otros países. El crédito para nuestro mercado es más que una vitamina. Y desde luego, el sector con un mercado con enorme capacidad y potencial, permitirán que lleguen los créditos. Y esto empujará fuertemente la cantidad de operaciones y eventualmente los precios. Pero hasta que esto no ocurra, quien pretenda anticiparse, verá que el mercado inmobiliario es firme, cauto y verdadero. Con pocos distraídos queriendo pagar demás.
¿Hacia dónde va el mercado? ¿Se nota la diferencia respecto de lo que fueron los años anteriores?
La expectativa se nota fuerte. Pero aún estamos en la tormenta. El vendedor no está seguro de su tarea (si no compra) y al comprador aún le cuesta inmovilizar sus ahorros sin un horizonte totalmente despejado de dudas.
¿Cómo reacciona la gente frente a lo nuevo?
Pienso que en general todos buscamos certidumbre. Los jóvenes pueden estar más dispuestos a apostar por lo que pueda venir. Pero no cuentan con los recursos para mover el amperímetro aún. Puede que esto cambie con el crédito.
¿Habrá crecimiento para el sector inmobiliario?
Si se confirma el rumbo, sin dudas. Estamos en un piso de valor y de volumen de mercado. Podríamos decir que debemos recuperar más de 20 años de movimientos pesados y descontrolados. Si la máquina se ajusta correctamente y se acomodan los engranajes, entonces habrá que ponerse fuerte por la velocidad que puede llegar a tomar.
¿Todo depende de la economía y de saber manejar los valores?
Los valores se acomodan solos. Eso es lo mágico del verdadero mercado.
¿Qué ocurre con los precios?
Los metros de venta se incrementan muy lentamente. Por los tiempos normales de construcción. Podemos decir que lo que hay es lo que existe. Al menos a corto plazo. En cambio, los precios dependen directamente de la capacidad, cantidad, e interés de los posibles compradores. Si estos aparecen, empujaran los precios hacia arriba.
¿Qué hace falta para poner en marcha toda la fuerza y crecer?
Credibilidad y tiempo. Que podamos ver un horizonte posible donde no necesitemos de nuestros ahorros para pagar la diaria. Y que estos se puedan volcar a lo productivo. A generar riqueza y trabajo. Las señales deben ser verdaderas y claras. Estamos ansiosos. ¡Algunas ya se empiezan a ver!
