Algo nuevo ha comenzado y esto es realmente importante, en tanto se muestran señales de orden expectativas. Es cierto que han puesto en firme cierto optimismo y eso tiene un valor interesante que atrae con fuerza decisiones y a la vez inversión para crear propuestas novedosas luego de tanto tiempo a la espera de que los desarrollos muestran su capacidad en favor de las empresas y de la gente. De hecho, se observa otra manera en estos días y tiene que ver con una recuperación esperada. Lo que vemos en la calle es concreto: más consultas, más operaciones y proyectos que estaban en pausa y hoy se ponen en marcha. Falta mucho, pero la dirección empezó a cambiar. El sector privado responde cuando ve el horizonte. La gente quiere creer pero más que eso, quiere datos que empiezan a mostrar movimiento. Además, la situación en el campo tuvo un año desigual. Hubo zonas con exceso de agua e inundaciones fuerte como el norte de Buenos Aires, que complicaron cosecha y logística, y eso es real. Pero al mismo tiempo, esas mismas lluvias recompusieron perfiles hídricos en gran parte de la región núcleo, al punto de que hoy se habla de producciones cercanas a máximos si el clima sigue la campaña 2025/26. Todo indica que el productor está acostumbrado a esto: ajusta fechas, tecnología y sigue. Hay daños puntuales, pero el potencial de recomposición es muy alto y eso ya se refleja en más movimiento en el mercado de campos. La actividad de buen nivel se notó un quiebre muy claro después del período electoral. La actividad repuntó: más consultas, más reservas, más cierres. Los valores promedio de departamentos usados en CABA rondan hoy los US$ 2.000–2.200/m², con subas interanuales del orden del 10–15%, pero aún por debajo de los máximos de años anteriores. «Y como dice Pancho Alvarez Amuchastegui, Director de Pereyra Iraola Propiedades, vemos que, si este ritmo se sostiene, entre febrero y marzo puede aparecer un doble efecto: más operaciones y un inicio de recuperación más marcada de precios, sobre todo en zonas premium como Recoleta, Palermo Chico y Núñez. Hoy se animan los que entienden de ciclos. Los desarrolladores saben que los costos de construcción, medidos en dólares, siguen siendo competitivos frente al valor de venta esperado, aunque en pesos se ajusten todos los meses de la mano de los índices oficiales. Dos estrategias claras: quienes tienen espalda compran tierra y lanzan proyectos, y quienes no, se asocian con inversores desde el primer día, compartiendo riesgo y negocio. No solo es cambiar de departamento sino la forma de vivir. Y ese deseo, cuando aparece un poco de horizonte económico, se transforma muy rápido en decisiones concretas. Y en general, todos tienen una lectura similar: este es el momento de posicionarse para el próximo tramo del ciclo. En este negocio, adelantarse siempre valió más que adivinar.”
¿Una vez más llega fin de año y es interesante saber cuál será el camino en esta oportunidad?
Fin de año siempre obliga a hacer balance, pero esta vez aparece algo distinto: señales de orden y expectativas más firmes. No hablamos de optimismo ingenuo; hablamos de decisiones concretas de inversión que ya se están tomando. Tanto en desarrollos urbanos como en tierra productiva vemos movimiento real. Después de años intensos, el mercado empieza a insinuar un piso más sólido, y para quienes vivimos del Real Estate, esos pisos marcan el rumbo.
¿Qué es lo que atrae en este caso para poner en marcha con toda la fuerza en el país?
Lo que atrae hoy es una combinación poco frecuente: una macro que empieza a ordenarse y activos reales que todavía cotizan por debajo de otros ciclos. En CABA, por ejemplo, el metro cuadrado usado se mueve en torno a los US$ 2000–2200, todavía por debajo de los picos de 2019, pero con una recuperación clara en 2024 y 2025. Eso genera una sensación de ‘piso’ que al desarrollador le resulta muy nítida. Desde Pereyra Iraola Propiedades vemos grupos que volvieron a comprar tierra y fondos que estaban en pausa y hoy reactivaron análisis de proyectos. Cuando el capital se mueve antes que los precios muestran todo el rebote, es porque ve una oportunidad de ciclo.
Son muchos los temas para conversar después de momentos difíciles. ¿Será en este caso un cambio definitivo que ayudará al Presidente a lograr lo que él propone?
La clave no es la velocidad, sino la coherencia. Si el Gobierno mantiene el rumbo fiscal y las reglas claras, la recuperación puede acelerarse rápido. Lo que vemos en la calle es concreto: más consultas, más operaciones y proyectos que estaban en pausa y hoy se ponen en marcha. Falta mucho, pero la dirección empezó a cambiar. El sector privado responde cuando ve horizonte. La gente quiere creer, pero más que eso, quiere datos. Y los datos empiezan a mostrar movimiento.

En otros aspectos importa saber qué ocurre con el campo. El agua por demás ha generado problemas que complicaron a muchos según las zonas. ¿Es así? ¿Cómo trabajar en esa situación?
El campo tuvo un año muy desigual. Hubo zonas con exceso de agua e inundaciones fuertes, como el norte de Buenos Aires, que complicaron la cosecha y logística, y eso es real. Pero al mismo tiempo, esas mismas lluvias recompusieron perfiles hídricos en gran parte de la región núcleo, al punto de que hoy se habla de producciones cercanas a máximos si el clima sigue la campaña 2025/26. El productor argentino está acostumbrado a esto: ajusta fechas, tecnología y sigue. Hay daños puntuales, pero el potencial de recomposición es muy alto, y eso ya se refleja en más movimiento en el mercado de campos.
¿Cuanto tiempo necesitan para mejorar y ayudar a la gente a poner en marcha el fuerte trabajo que exige en el campo?
El agro tiene una virtud: responde rápido. Con una o dos campañas razonables, el campo vuelve a empujar empleo, fletes, maquinaria e inversión en tierra. Hoy ya vemos operaciones donde la hectárea ganadera en la Cuenca del Salado ronda los US$ 3000, y hay informes que marcan que los precios empiezan a recuperar niveles de 2011 después de una década de estancamiento. Si el clima se mantiene dentro de parámetros normales y las reglas económicas siguen siendo claras, el agro puede convertirse en uno de los motores más visibles del rebote en cuestión de meses.
En otro tema, desde la ciudad, ¿cómo observas a la gente con opciones para quienes están en la búsqueda de departamentos de buen nivel?
En el segmento de buen nivel se notó un quiebre muy claro después del período electoral. La actividad repuntó: más consultas, más reservas, más cierres. Los valores promedio de departamentos usados en CABA rondan hoy los US$ 2000–2200/m², con subas interanuales del orden del 10–15%, pero aún por debajo de los máximos de años anteriores. Desde Pereyra Iraola Propiedades vemos que, si este ritmo se sostiene, entre febrero marzo puede aparecer un doble efecto: más operaciones y un inicio de recuperación más marcada de precios, sobre todo en zonas premium como Recoleta, Palermo Chico y Núñez.
¿Quiénes se animan a nuevas obras que llevan tiempo con la esperanza de otro estilo de vida para cualquier edad?
Hoy se animan los que entienden de ciclos. Los desarrolladores saben que los costos de construcción, medidos en dólares, siguen siendo competitivos frente al valor de venta esperado, aunque en pesos se ajusten todos los meses de la mano de los índices oficiales. Por eso vemos dos estrategias claras: quienes tienen espalda compran tierra y lanzan proyectos, y quienes no, se asocian con inversores desde el primer día, compartiendo riesgo y negocio. Nosotros, desde Pereyra Iraola Propiedades, acompañamos ambos perfiles. Del lado de la demanda final, la gente busca otra cosa: mejor calidad constructiva, eficiencia energética, amenities que se usen de verdad y plantas pensadas para vivir bien en cualquier etapa de la vida. No es sólo cambiar de departamento sino la forma de vivir. Y ese deseo, cuando aparece un poco de horizonte económico, se transforma muy rápido en decisiones concretas. Y en general, todos tienen una lectura similar: este es el momento de posicionarse para el próximo tramo del ciclo. En este negocio, adelantarse siempre valió más que adivinar.
