El Real Estate es parte central en la vida cotidiana unida a la vez al intenso e innovador trabajo que propone la arquitectura. Surgen miradas diferentes y propuestas que varían ante los cambios que se viven. Y en particular después de la pandemia que marcó un tiempo de crisis y de transformaciones relacionadas con la construcción y los proyectos en las viviendas. Como también aquellos relacionados con el urbanismo que generan ideas novedosas pensando en el futuro. El arquitecto y empresario Claudio Mazur aporta algunos comentarios relacionados con lo que sucede en estos rubros.
De acuerdo con el concepto de la vivienda, Claudio Mazur comenta que “a partir de la pandemia irrumpe necesariamente el home office como práctica masiva, por lo tanto, las unidades de vivienda se han visto solicitadas de espacios para el desarrollo de esas actividades, tanto profesionales, como educativas. Y de ese modo comienzan a requerir no solamente ámbitos privados dentro de los dormitorios, por ejemplo, sino que se revalorizan espacios como escritorios que con el paso de la PC a la notebook habían desaparecido. Y en particular reaparecen áreas de trabajo o recreación de uso común como los playroom”.

Agrega que “estos vuelven a generar importancia como parte de los servicios que debe brindar una vivienda para contener las actividades que se buscan y desarrollan. En verdad se trató no sólo de un espacio y ambientación adecuada, sino de evitar interferencias con el funcionamiento del resto de la vivienda. Ocurrió entonces, sobre todo en el caso de las unidades más pequeñas, que comenzaron a ser absorbidas por equipamientos comunes de los edificios. Por lo tanto, ya no sólo se valora un SUM para hacer asados sino espacios comunes de co-working donde se puede compartir equipamientos tales como alta conectividad, proyectores, salas de reuniones, pantallas gigantes, impresoras, y sobre todo un ambiente laboral sin salir del edificio”.
El empresario añade además que “desde el punto de vista del desarrollador esto implica una redefinición del producto. Lo que significa que el equipamiento que antes ofrecía para una eventual recreación, fue requerido para el funcionamiento cotidiano y actividades laborales/sociales y pasan a ser un diferencial de valor. Así, una vez más y en mayor medida, se considera el edificio como una estructura que brinda respuesta cada vez en mayor cantidad de actividades humanas, como los amenities que pasaron de la unidad dormitorio a la unidad con recreación. Y ahora se incorpora lo laboral a esas actividades a las que debe responder el hábitat”.
Acerca de las novedades respecto de la calidad constructiva y de los materiales, Mazur sostiene que “en esos rubros se avanza a medida que también sucede con la tecnología. Ya es posible conseguir mejores condiciones de aislamiento con paredes más livianas y finitas. Los vidrios con cámara de aire mejoran las condiciones de aislamiento térmico y permiten desarrollar mayores superficies, además de la exigencia de que los vidrios en fachada sean laminados. Esto junto con un aporte de la tecnología de las carpinterías logran condiciones apropiadas de aislamiento acústico con el exterior. Mientras que las cañerías de termofusión soportan presiones de trabajo mucho más altas y ya no se obstruyen como las de acero galvanizado”.
Por otra parte, el empresario y arquitecto explica que “cada vez los revestimientos logran conjugar, calidez, durabilidad y facilidad de limpieza a menores costos. Todo esto permite que la calidad constructiva mejore, aunque a veces el problema es que no se logra que la mano de obra de los gremios principales se familiarice con estas nuevas tecnologías, aunque eso también está cambiando”.

Otro de los temas que señala Mazur es lo referido a la ciudad. Y explica con relación a la mixtura de usos, que “la pandemia puso en blanco sobre negro el agotamiento del modelo de la ciudad zonificada del movimiento moderno. La desertificación de las áreas céntricas que se producía todos los días a partir de las 19 hasta las 9 del día siguiente se prolongó durante meses. Quedó así en evidencia que la especialización de las zonas bancarias, legislativas, gastronómicas y recreativas, entre otras, no era más viable. Así las personas que a las 9 de la mañana ocupan un lugar en una oficina, son las mismas que tienen una familia que concurre a una escuela, que terminado el horario laboral tienen que abastecerse. Y tal vez requieran actividades recreativas, entre otras. Si todo eso pueden hacerlo en un radio que no demande desplazamientos superiores a los quince minutos ya sea a pie o en bicicleta, la red vial y el espacio que ocupa el automóvil en la ciudad (circulación y estacionamiento) se libera para el uso peatonal, recreativo de encuentro y espacios verdes”.
Y agrega: “Las redes de electricidad, sanitarias, de comunicaciones, entre otras, que colapsan durante el horario de oficinas tendrían menos demanda (ya que muchas habrán migrado en viviendas) y esa misma red que durante la otra banda horaria, quedaba ociosa pasaría a aprovecharse. Eso sin contar el beneficio social que implica el ahorro de los tiempos de traslado. De hecho, un trabajador que vive en Pilar emplea cuatro horas para desplazarse a cumplir una jornada de ocho horas, mientras tanto contamina, gasta los combustibles fósiles, y requiere que se tapice el verde con asfalto para que pueda llegar. Además, la ciudad al estar más ocupada, se transformaría en más segura”.
Con la mirada puesta en el futuro, el empresario comenta que “se espera a nivel urbano alguna manera de mixtura de usos, no porque lo imaginemos desde la Argentina sino porque es lo que ya está sucediendo en el mundo y una de las experiencias más avanzadas se desarrolla en Barcelona. Además, toda la infraestructura construida el mercado seguramente logrará dar salida, se van a recuperar las estructuras de oficinas obsoletas y desocupadas y para ser parte de la respuesta al déficit de viviendas. En Argentina faltan entre 3 y 3.3 millones de viviendas mientras las oficinas quedan vacías; es una migración natural. Un buen ejemplo de este camino es la transformación en Burdeos de un viejo edificio de oficinas en 530 viviendas, realizado por los arquitectos Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, ambos recientes ganadores del Premio Pritzker 2021. Todo esto dando respuesta a los nuevos modos de habitar, que requieren más que nunca expansiones al aire libre de las unidades, espacios flexibles que permitan desarrollar actividades laborales y/o educativas, áreas de privacidad para los distintos miembros convivientes, y equipamiento verde para desarrollar una vida más sana”.
